Indian Wells 2009: un cambio de paradigmas
Desde que Rafael Nadal emerge a la escena profesional y pública del tenis no deja de sorprender. El hecho de su estructura muscular, en un deporte que parecía tener muy por encima lo técnico al entrenamiento de la fuerza, es uno de los primeros aspectos que resulta crítico. De alguna manera, es posible que Rafael Nadal y su equipo se hayan adelantado en gran medida a sus contemporáneos en el tenis anticipando una posible crisis del paradigma subyacente y todavía actual acerca de la preparación física del tenista.
Desde la imagen que percibe el espectador hasta el rival que debe enfrentarlo, este joven tenista presenta claramente una alteridad respecto de aquello que la concepción tradicional espera. Sin embargo, sería muy ingenuo plantear que se trata de un tipo de entrenamiento u otro, de esto o aquello; no es allí hacia dónde se dirige la mirada del psicólogo sino a lo que no puede divisarse debajo de la punta del iceberg, lo que no puede verse pero que está presente en los actos del deportista.
Existen en ciencia y en el pensamiento de todas las personas lo que se denomina paradigmas. Puede definirse un paradigma como “un conjunto de ideas y pensamientos establecidos por consenso que guían el pensamiento y la acción de las personas”. Si adopto como punto de partida la idea de paradigmas de Kuhn, es posible seguir la siguiente definición: “un paradigma es un conjunto de reglas y disposiciones (escritas o no) que hace dos cosas: 1) establece o define límites y, 2) indica como comportarse dentro de los límtes para tener éxito” (Barker, 2000, p. 36).
Intento captar y definir tales paradigmas que subyacen los discursos de los diferentes ámbitos y de las diferentes personas puesto que ellos representan los “comandos” de pensamientos, decisiones y valoraciones que se realizan acerca de las conductas que más tarde se adoptan.
La Tesis que esbozo supone que Rafael Nadal posee un paradigma de pensamiento que posee una alteridad radical respecto del resto de los tenistas en el momento actual. Una de las diferencias críticas se refiere al entrenamiento de la fuerza.
¿El viento le ganó a Andy Murray?
En el torneo de Indian Wells de marzo de 2009, Rafael Nadal enfrenta en la serie final a Andy Murray, quién resulta al momento su mayor dificultad. Si bien Nadal poseía record favorable frente al británico, había perdido en las tres últimas ocasiones (teniendo en cuenta una final “amistosa” de principios de año) y las voces de los medios lo mencionaban a Murray como el posible verdugo de Nadal y aún un periodista argentino (TYC) se animaba a decir que hacia fines de 2009 lo iba a superar como número 1 del ranking.
Nadal ganó ampliamente el partido frente al tenista escocés pero se dio la particularidad de que fue un día de fuertes ráfagas de viento, lo que dio un “condimento” extra al partido. Primero escuchemos lo que dicen los comentarios de los medios y luego presentaré el análisis propiamente psicológico:

Getty Images
Nadal se otra vez devorándose los trofeos…
Como si algo le faltara, el español se adjudicó la final más aplastante en lo que va del 2009. Hasta ahora, se habían jugado 18 torneos de ATP y ninguna definición había sido ganada tan fácil, perdiendo el campeón apenas tres games. El 6-1 y 6-2 de Nadal sobre Murray resultó impactante. Y fue su segundo triunfo más amplio en una final, ya que en Acapulco 2005 aplastó a su compatriota Albert Montañés por 6-1 y 6-0. […] El fuerte y molesto viento le sentó mucho mejor a Nadal. Y vaya si lo sufrió Murray, ya que nunca había perdido una final tan fácil en su carrera.
http://espndeportes.espn.go.com/section?id=ten, el 23 de marzo de 2009.

EFE
Nadal “contra viento y marea”
Muy a menudo es posible oír justificaciones de las derrotas, en el tenis y en cualquier deporte, que pretenden cifrar las causas de lo sucedido en “factores externos”, ajenos a la persona. Éste muy bien pudo ser el caso para muchos, que hallaron motivación para la derrota de Murray en el viento, que es un factor que podría denominarse “externo” al tenista. Sin embargo, no es lo que hacen los comentaristas mencionados ni los mismos tenistas. ¿Por qué? ¿Acaso uno no permanece más tranquilo si puede encontrar alguna excusa a lo sucedido?
A veces los resultados no se dan, las cosas no salen como uno espera, y qué mejor que poder dejar caer la responsabilidad sobre alguien o algo por fuera de nosotros, al menos de esa manera no quedamos comprometidos, no somos nosotros mismos puestos en tela de juicio.
Si el problema es el viento… no hay nada que pueda hacerse, ya está todo dicho, todo saldrá mal y yo soy dependiente de esa circunstancia ajena a mi persona. A esto se le denomina “caer en el círculo de preocupación” y es una de las actitudes básicas que predispone al camino de la enfermedad mental o fracaso resolutivo de los problemas relevantes que afrontan las personas. Considérese lo siguiente:
Ya en declaraciones a los medios, el número uno del mundo admitió que afrontó el partido de forma más “positiva” que Murray. “Puede que estuviera algo más preparado que él, fui con una actitud más positiva al partido y eso, en un día como hoy, es importante”, aseguró en rueda de prensa el español, quien señaló que las condiciones climatológicas fueron “muy difíciles”. “He jugado un muy buen partido y a él le ha afectado más (el viento), ésa es una de las claves de la victoria, pero he estado muy completo y he movido bien la bola”, añadió el mallorquín. Extraído de:
http://espndeportes.espn.go.com/section?id=ten, el 23 de marzo de 2009.
Este discurso permite evidenciar que detrás se halla un paradigma de pensamiento independiente, el viento y los factores externos pasan a segundo plano y la mayor atención se halla puesta sobre lo que el deportista puede hacer y no sobre lo que no puede. Este paradigma hace que la mente funcione de otra manera, la psiquis inconsciente comienza a trabajar “a favor” de la mente consciente y no en su contra produciendo un enorme potencial.
Luego, cabe la pregunta: “¿Puedo el deportista “programarse” prepararse de esta manera antes de un partido o temporada? No, de ninguna manera. No es tan sencillo, por eso los psicólogos tenemos tanto trabajo (!). Ello exige un trabajo muy profundo que en Nadal se ha dado por el contexto familiar sano que el tenista posee; se ha dado de modo natural en él. Asimismo puede lograrse a través del trabajo terapéutico, pero exige una reestructuración profunda de la psiquis de la persona.
Pude ver una nota interesante de la final Federer-Nadal del Autralian Open 2009 en la que un comentarista mencionaba que Roger Federer en enfrentamientos con Rafael Nadal tras puntos logrados exclamaba: “¡Vamos!”, en español. Desconozco las motivaciones de tal expresión, no obstante, si ello remitiese a una indicación particular de entrenador o psicólogo o quién sea acerca de cómo no dejarse intimidar por Nadal o ejercer “presión psicológica” sobre él… difícilmente produzca el resultado deseado. Ello sólo representa un comportamiento externo, al estilo de los psicólogos conductistas, pero nada puede hacer sobre lo profundo de la mente de Federer donde probablemente su rival lo afecte en mayor medida. Como menciona Stephen Covey en “Los siete hábitos de la gente altamente efectiva” el cambio y el éxito se logra “desde adentro hacia fuera” y no al revés. Federer, precisamente, parece estar recorriendo el camino inverso en ese detalle (soy consciente de que ese trata sólo de un detalle que aquí estamos tomando como ejemplo).