La relación entre psicología y religión durante el siglo XX ha sido marcada por heridas e incomprensiones mutuas, así como por un diálogo deseado y no hallado cuyos costos han sido las personas que no han podido expresar adecuadamente su espiritualidad por no poseer una profunda comprensión de su psiquis y que no han podido desarrollar satisfactoriamente su salud mental debido a que ello muchas veces significó el menosprecio de la espiritualidad por parte de la psicología.
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