¿Qué tienen que ver la homosexualidad y la inseguridad?
1. INTRO. En un encuentro reciente con amigos surgió un debate acerca de ciertos comportamientos homosexuales masculinos que, sinceramente, nos parecía que hasta hace poco tiempo no tenían la presencia mediática de hoy. El tema no es nuevo, quizás “ya fue”. No obstante, su extraña relación con la situación de inseguridad (frente a ambos fenómenos parece desbordarnos la incomprensión) condujo hacia algunas hipótesis que, pensamos, se pueden presentar en este espacio.
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Twee figuren: travesties uit de Lapin Agile (1950) del famoso pintor belga Gustaaf Sorel.
2. a) HOMOSEXUALIDAD. Es posible referir algunas líneas de pensamiento acerca de aquellos hombres que se dirigen hacia un travesti en búsqueda de satisfacción genital. No tomaremos en consideración el caso del travesti, puesto que allí se trata de una psicopatología claramente identificada (véase: DSM-IV: “Trastorno de la identidad sexual”); sin embargo, en los casos que mencionamos, pueden estar presentes factores psico-sociales, además de los psicológico-individuales. En efecto, muchas veces se trata de hombres con familia o pareja, hijos; hombres que poseen, aparentemente, un comportamiento sexual “normal”.
Existen numerosas vias de argumentación, debate y discusión, pero quisiéramos señalar sólo una, algo que nos parece “el deseo de pasar el límite”. El límite sólo por el límite. ¿Por qué? Porque ello produce cierta catarsis, cierta “liberación de energía” (de corto plazo, por otra parte), en una sola palabra: poder.
El hombre naturalmente busca el poder (Adler), pues allí encuentra la capacidad de superar sus límites, sus frustraciones o dificultades. El arte del cazador, la destreza del guerrero, el entrenamiento de un deportista de elite de nuestra época… todo ello implicó e implica una enorme energía que el ser humano despliega en vista de una finalidad o un sentido para su vida.
Luego…?
Luego, quizás este comportamiento podría apreciarse como una patología del poder del varón. ¿No queda claro? Lo retomamos en las conclusiones…
2. b) VIOLENCIA. Por otra parte, como dijimos, tenemos “nuestra inseguridad de cada día”, a la que difícilmente le encontramos una explicación… todavía menos una solución.

La violencia y la inseguridad son propiamente el terreno del varón; quizás su resurgimiento desde los sectores marginales de la sociedad adopta la forma de una reacción ante la presión social que no le permite al varón hacer uso de su fuerza en el trabajo, en el logro de metas sociales, que lo acosa permanentemente con la superficialidad mediática. Entonces retorna violentamente el arquetipo (Jung) del cazador, sólo que de modo distorsionado, enfermo: los hombres salen a robar y a matar como si saldrían a cazar, sólo que su presa es humana y su acto cuasi-canibal (obtienen su “alimento-dinero” de otro ser humano, al que despojan). La clase baja termina siendo el reducto de las fuerzas rechazadas de la sociedad.
3. CONCLUSIONES (algunas). La relación entre homsexualidad e inseguridad/violencia está dada por el varón como campo de ambos fenómenos (aquí). En dichos fenómenos está muy presente el poder y su significación “psico” y “social” para el hombre, sólo que de un modo enfermo. La “presión social” a la que aludimos en 2.b puede ser percibida sin dudas como feminizante; paralelamente, la homosexalidad y la promiscuidad mediáticas se presentan de modo naturalizado

Una verdadera fusión entre las potencias masculinas y femeninas tiene que permitir a hombres y mujeres, poder expresar sus propias fuerzas e inteligencias y, juntos, sus valores humanos.
Tradiciones milenarias que han marginado a las mujeres (todavía hoy el judío ortodoxo da gracias a Dios por la mañana por “no ser mujer”) de la toma de decisiones políticas no han resultado en crecimiento, sino que han amputado a la humanidad de la mitad de su ser. Ahora el otro extremo: lo propiamente masculino pierde su estatuto. Al fin, afrontar la diferencia, la primera de todas y de toda cultura, la de Adán y Eva, la del Yin y el Yang, sigue siendo LA GRAN DIFICULTAD.
Sabemos que no resolvimos ni aclaramos nada. Sabemos que nuestro punto de vista no goza del agrado mayoritario, sabemos que no sabemos… Pero a pesar de todo ello, nuestra reflexión proviene de una percepción profunda, la de nuestras vidas, la que queremos promover: la experiencia que es verdaderamente nuestra, tuya, de todos.