Hace cuatro años publiqué un artículo que bien podría repetir hoy (véase en la sección “Artículos”, el nº 4) sobre las expectativas argentinas sobre Messi y la selección nacional de fútbol. Aquel artículo fue un tanto simple pero llamo la atención del lector acerca de lo pronosticado hace cuatro años.
Existe una analogía en lo que sucedió con la eliminación de Argentina en la Copa América y el descenso de River Plate a la segunda división: en ambos casos se enfrentó un equipo con individualidades destacadas pero no integradas frente a otro con menores recursos particulares pero mayor trabajo en equipo.
Los entrenadores y comentaristas deportivos suelen hablar del trabajo en equipo de modo intuitivo sin comprender cabalmente la complejidad que ello posee. Existen varios aspectos que desde lo psicológico se pueden hacer notar como negativos o disfuncionales en los deportistas argentinos, pero voy a centrarme en uno de ellos que creo es el más importante para entender el trabajo en grupo no sólo en el futbolista, sino que de modo general en el deportista latino: el carácter.

Derrota con Uruguay en la Copa América el 16/07/11 (Fuente: diario El Litoral)
El carácter puede definirse como la identidad más profunda de una persona o un grupo, aquellas valoraciones o preferencias que se poseen a lo largo del tiempo; también tiene que ver con aquello que representa nuestra misión en la vida, el significado y el sentido de nuestra existencia. En el individuo es como un patrón o eje que orienta todas las facetas de la personalidad (en Psicoanálisis se denomina Nombre del Padre) en una misma dirección y, en los equipos de trabajo es lo que orienta y ordena los talentos individuales hacia el fin grupal que es superior en importancia a lo particular. Ésta es la principal falencia que, desde lo psicológico, posee… ¿quién? ¿los chicos de la selección?
Noooo! ¡De ninguna manera! ¡Todos los argentinos tenemos este gran déficit!
El deportista argentino es el reflejo de una sociedad inmadura, que progresa pero que todavía en muy joven en su desarrollo profundo, el de sus valores. Todavía no queda bien claro cuál es nuestra identidad, cuáles son nuestras características distintivas, en qué nos destacamos, cuál es la meta real que poseen los deportistas. El consumidor masivo de fútbol cree que se trata de ganar, pero no comprende en profundidad los valores que puede transmitir el deporte, la riqueza personal que posee y puede brindar a los jóvenes. La masa cree que se trata de ganar a cualquier precio cuando en realidad esto es lo que menos importa.
Los argentinos tenemos que hacernos conscientes de que somos una colectividad inmadura, con un carácter muy débil, con criterios permanentemente cambiantes, sin un rumbo claro que nos identifique.
Considero a los deportistas de la Selección la punta visible del iceberg de un problema que es de todos los argentinos, ellos solamente hacen visible el problema. Técnicamente se denominan emergentes o analizadores. Porque son los que portan y muestran un problema que es más extensivo.
Ciertas personas relacionadas a lo que sucedió con la Selección dijeron algo así como que “lo psicológico no tenía nada que ver con esto”. Lamento decir que van a empezar a creer en la Psicología.
La Selección Argentina [¡y la nación Argentina!] es como un adolescente con muchos talentos que no sabe cómo ordenarlos u orientarlos en su vida. Éste es el punto de partida psicológico; pero, hemos empeorado las cosas porque quisimos resolver esto y lo hemos hecho de una pésima manera: buscamos un dios-amo que nos conduzca por el camino… pero al personificar al amo éste se nos vuelve tirano (esto es lo que pretendí anticipar en la nota previa) o imposible de cumplir esa función. No me refiero a Messi sino a Maradona y a Grondona, cuya corrupción es uno de los problemas que padecen los jugadores.
Durante una fase importante del desarrollo de los equipos son importantes las figuras concretas que se tornan líderes de grupos (en su momento lo fue Maradona), pero esta etapa del progreso de los equipos deportivos debe dar paso a una de mayor madurez en la que el liderazgo no se halla encarnado en una persona concreta sino en valores que ahora ocupan el lugar del líder anterior. Esto es lo que nadie parece comprender en Argentina, no es Messi el salvador que necesitamos sino una maduración del equipo y de la sociedad que implique una simbolización de lo que representa el líder o el héroe. Uruguay le gana a Argentina porque es un equipo más maduro, más evolucionado que Argentina. Esto no significa que a Argentina le va a ir siempre mal de esta manera: al tener tanto talento puede tener buenos resultados, pero esto es de mediano plazo, si el fútbol no se rectifica rápidamente van a dejar de emerger los talentos individuales y la mediocridad va a acrecentarse en el deporte. En este aspecto, se progresa o se retrocede, no hay otra opción. Es una pena que nos hallemos muy desenfocados en este aspecto.
No hay problemas con Messi sino con la expectativa puesta sobre él. Quizás en posteriores notas analicemos el caso concreto de Lionel.
Me quedaron algunos temas pendientes: cuál es la psicología del talento; ¿necesitamos héroes en este momento?; la AFA y su estructura jerárquica-dependiente que produce efectos de violencia; el fútbol y la horda primitiva y, ganar no puede ser la finalidad de la actividad deportiva.